domingo, 23 de marzo de 2008

Un río lleno de cadáveres flotando

Hernando Vanegas Toloza

El río Magdalena corre ancho a su paso por El Banco. Por las tardes, cuando ya ha pasado el calor, nos sentábamos en las bancas de cemento aún calientes, o en las escalinatas, para ver la hermosura de sus remolinos y lo apacible que parecían sus aguas, las cuales nosotros sabíamos era mera apariencia. Era hermoso ver el resplandor del sol sobre las aguas. Y más hermoso todavía era ver el resplandor de la luna sobre sus aguas las noches de parrandas y jolgorios que teníamos con mi hermano Joselito. El muelle era el sitio para el esparcimiento de día o de noche y nos permitía disfrutar de nuestro río. Un río con una historia enlazada con la historia del país porque por sus aguas surcaron los buques, champanes, chalupas y ‘piraguas’ que remontaron hacia el centro del país lo que llamamos la ‘civilización’.

Joselito siempre en su papel de hermano mayor nos decía que el río es hermoso, pero también es peligroso, peligrosísimo, y lleva en sus aguas la muerte. El río es fuente de vida, pero también de muerte.

–La muerte- nos asombramos todos nosotros.

–Si, la muerte- dice Joselito. Les voy a contar un poco. Desde la llegada de los españoles, el río se transformó, se convirtió en el vehículo por el cual ascender hacia la búsqueda del Dorado. Fueron muchos, muchísimos los indígenas y los negros asesinados por toda suerte de aventureros. Que entre otras cosas, en 1680, es José Domingo Ortiz negro de las minas de Loba, quien bautiza el poblado como El Banco, por eso una calle de nuestro pueblo lleva el nombre de José Domingo Ortiz, hoy calle 5ª, y como ustedes ya saben el pueblito siempre fue importante para los negros libertos, los ‘cimarrones’ . Y era lógico que cuando mataban algún negro o indio, tam-pum-dam, los cadáveres iban a dar al río. Algunos los rescataban, pero a la mayoría se les veía que iban bajando por las aguas con un pasajero a bordo, el gallinazo. El cual iba picoteando al muerto para comerse sus entrañas. Pero había un comensal furtivo, que no se veía. Era un pez, el ‘comelón’ le llamaban. Él iba mordisqueando con sus dientes afilados la cara del cadáver, los dedos, los pies y las manos. Por eso, a los cadáveres que rescataban era casi imposible identificarlos porque no había forma. Después durante la guerra de independencia, el control del río era vital. Los españoles tenían fuertes en la mayoría de poblaciones y durante la campaña del río, se cuentan anécdotas. Por ejemplo, se dice que el general Maza siguiendo la orden de Simón Bolívar de la ‘guerra a muerte’ a los españoles que respondía las matanzas que organizaba el general Morillo, en Tenerife -Magdalena- se tomó la plaza y en un barco de los españoles fue decapitando a cuanto español encontraba, por la baranda de babor y tam-pum-dam al río. Se dice que el río se tiño todo de rojo, lo cual yo creo es una exageración, pero así es el cuento. La noticia del ajusticiamiento llegó a Simón Bolívar quien envió carta a Maza diciendo que ‘sin derramamiento de sangre’. En su avance incontenible llegaron a otro pueblo ribereño y allí capturó el general Maza unos españoles y los condenó a muerte, pero se acordó de la recomendación de Bolívar, entonces los metió en sacos de fique, los amarró, les colocó una piedra y los lanzó al río. Dicen, eso dicen, que el general Maza mandó una carta informándole a Simón Bolívar que sus recomendaciones habían sido cumplidas al pie de la letra, que los prisioneros habían sido ejecutados ‘sin derramamiento de sangre’. Después se enteró cuál había sido el método usado por Maza y concluyó que ‘el rolo’ estaba loco, perdidamente loco. Sin embargo, el general Maza después de la independencia se fue a vivir a Mompox, en donde era muy querido y allí murió.

Posterior a la guerra de independencia, en Colombia había un federalismo y los caudillos se hacían la guerra entre ellos para apoderarse de la otra parte. Eran luchas entre liberales y conservadores, entre federalistas y centralistas. Así que Colombia constantemente se veía sacudida por los alzamientos. En un momento Colombia era una República Federal constituidalsor ‘Estados Soberanos’. El general Daniel Hernández se levantó desde el Estado Soberano de Santander contra el presidente Rafael Núñez, caudillo de la ‘Regeneración Nacional’, y su ejemplo se irradió a toda la nación. En la batalla de La Humareda se dio el choque entre las tropas rebeldes y gobiernistas –entre Tamalameque y El Banco-, el 17 de junio de 1885. La historia recordará los luchadores con una placa en la Plaza de la Candelaria, destacando a los generales Fortunato Bernal, Capitolino Obando, Pedro José Sarmiento, Plutarco Vargas, Bernardino Lombana y el doctor Luis Lleras. Allí cayeron además gran número de combatientes, entre ellos el generador de la rebelión, el general Daniel Hernández. Es de resaltar que el secretario del general Hernández era José María Vargas, quien sería reputado posteriormente como uno de los más grandes escritores colombianos, se salvó de la muerte y huyó a los Llanos de Casanare bajo el refugio del general Gabriel Vargas Santos, y allí escribió su obra “Pinceladas sobre la última revolución de Colombia; siluetas bélicas”. Vargas Vila era de espíritu liberal y ya como encumbrado escritor escribió máximas como “la mujer opina por donde orina” o el de “no hay mujer fiel, ni mi mamá”, pero ante la tumba de los héroes de la Humareda dejo escrito unas sentidas frases que siguen teniendo una enorme vigencia:"El Banco, puerto inmortal, tú guardas las cenizas del más tremendo incendio, los despojos de la más recia borrasca. Tú eres para la patria un altar de recuerdos y de gloria y de enseñanzas sublimes. A ti vendrán las generaciones futuras, para retemplar el patriotismo y cuando quieran aprender que: Sólo se es esclavo si se quiere y si falta valor para morir."

-Pero no nos salgamos de la historia, dice el narrador. Fue tal la cantidad de muertos que ni el gobierno se reclamó vencedor, ni los liberales rebeldes pudieron continuar la campaña. Y lógico, todos esos muertos fueron a dar al río, comenzando a represarse en la desembocadura. No sobra decirles que El Banco es un pueblo rodeado por agua. Tiene las ciénagas de Zapatosa, Chilloa, Palomeque, Andrés Martínez, Caño Sucio, El Paso, Garzal, Pajaral, Las Pavas, Tamalamequito, Caimán, Larga, Rodeíto, y el pueblo en sí está en la desembocadura del río Cesar en el río Magdalena. Por eso los muertos van de un lado a otro sobrenadando las ciénagas hasta que por fin encontraban la desembocadura y van a parar al río Magdalena, un río con 1.000 kilómetros de largo, que surca toda la geografía nacional. Era, o es, impresionante ver un muerto, bajar por el río. El muerto sólo flota a los 2 ó 3 días, no como en las películas que apenas lo matan flota en seguida, y ahí es cuando empieza su deambulación en las aguas. Vueltas y revueltas en los remolinos, es movido sin dirección hasta que es envuelto en alguna corriente. Allí empieza su peregrinar por el río, lenta, muy lentamente, sin voluntad, movido por la fuerza de ajenas voluntades, la voluntad del agua, porque ya ni siquiera la voluntad del matador puede hacerle algo. A veces es la voluntad de una raíz que lo engarza y lo mantiene allí fijo, hasta que el embate de alguna ola lo desprende para que continúe su peregrinar. Lo inaudito fue que nadie se dio cuenta que los muertos iban quedando represados en la desembocadura, como si hicieran resistencia a entrar en el mar, a entrar en el olvido. Era como si los muertos quisieran que todos nosotros entendiéramos por qué habían muerto. Aunque siempre había almas caritativas que colocaron mirando al río la virgen para que les diera sosiego. Pero ni así lo lograban. Y los muertos, los primeros días fueron poquitos, después más y más. Porque la violencia siguió. Siguió con la misma o peor virulencia.

En el siglo 20, antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, se implementaba toda una política de terror contra el pueblo. Una vez asesinado Gaitán, el gobierno desata la persecución de los liberales con la policía y los militares, y usaron lo que llamaban ‘los pájaros’, la ‘chulavita’, la ‘mano negra’, y de esos asesinos descarnados hubo algunos que fueron llevados a los libros como uno célebre en el Valle del Cauca llamado ‘El Cóndor’. Los liberales para defenderse conformaron las llamadas guerrillas, las cuales fueron acompañadas por guerrillas comunistas también. Es claro que todo aquel que no fuera ‘conservador’ –el partido de gobierno- iba a ser perseguido. La chulavita llegaba a un poblado, a una vereda, y allí hacía el ‘corte de franela’, para lo cual usaban unos machetes bien afilados. El ‘corte de franela’ consistía en cercenar la cabeza de la persona señalada como ‘comunista’, ‘socialista’ o ‘liberal’, del pegue del cuello. Fueron horrores dantescos. Llegaba la patrulla y mataba a los hombres, violaban a las mujeres, incendiaban las casas, se robaban el ganado, todo. Yo recuerdo unos apartes de una publicación de la Defensoría del Pueblo que decía: "El grupo estaba compuesto por dieciséis hombres, y en él se mezclaban policías en ejercicio de sus funciones y criminales a sueldo, (por entonces llamados pájaros-asesinos que desde 1948 actuaron bajo la protección de algunas autoridades locales en los departamentos de Caldas, Tolima, Huila, Valle del Cauca y Boyacá-). Unos y otros iban esa mañana a Ríoblanco, un pueblo del Tolima donde ya eran temidos por sus frecuentes desmanes. (...) Cuando los caminantes llegaron a la cuesta de Mal Abrigo, en cercanías de la población, fueron atacados sorpresivamente por un grupo de cinco muchachos provistos de armas de fuego (...) hijos de una pareja de ancianos labriegos, muertos pocos días antes por algunos de los que integraban la comisión asaltada, (...) que costó la vida a tres de los polizontes. (...) Una vez levantados, con el concurso de nutridos refuerzos, los cadáveres de las víctimas de Mal Abrigo, policías y pájaros se lanzaron sobre el cercano pueblo para vengar a sus caídos. Allí mataron, hirieron, golpearon, violaron, saquearon e incendiaron durante varias horas, convirtiendo el lugar en escenario de todas las brutalidades. Ese día el terror llegó a Ríoblanco. Era el 12 de Agosto de 1950. Los vecinos que lograron sobrevivir a la violenta incursión huyeron del municipio asolado, dejando atrás sus casas, fincas, muebles, aperos y reses. (...) Más tarde, algunos de ellos constituyeron un grupo armado para defenderse de los atropellos oficiales. Otros -la mayoría- debieron sumarse a la gran muchedumbre de personas desplazadas que por aquellos años llegó a ciudades como Chaparral, Líbano, Neiva y Bogotá”.

Era la época en que mi padre vivía escondido, por ‘liberal’, a la orilla del río, pescando peces y galápagos, comiendo yuca de yucales, plátanos, de lo que pudiera. Él me contó que comía bagre, blanquillo, bocachico, dorada, hasta el comelón se lo comían, porque no podían desperdiciar nada de lo que pescaban. A veces había desembocaduras de riachuelos y allí buscaban el coroncoro, un pez prehistórico con unas conchas y de ese pescado se hacen unos caldos riquísimos. La gente dice que son afrodisíacos porque el que toma ese caldo, sino se pone las pilas se desmaya. En esa época fueron pocas las veces que los hermanos mayores pudieron ver a mi papá y nos tocó sobrevivir solos con mi mamá. Fue una verdadera orgía de sangre desatada desde el gobierno. Pero la excusa era el ‘partido’ en tanto las verdaderas causas eran otras. Allí estaban el hambre, la miseria, la pobreza, ‘encargadas por el patrón’ para que protegiera sus propiedades, amén del despojo de tierras y ganados, en una nueva forma de acumulación capitalista. Allí nacieron nuevos terratenientes. Pero el río, testigo mudo, se llenó de cadáveres de todo el país. Desde el Tolima bajaban por el río, pero los muertos de la zona del Valle de Cauca, Cauca, Antioquia, bajaban por el río Cauca, que desemboca también en el río Magdalena. Los muertos de la llamada ‘provincia’, es decir, Cesar y Guajira, bajaban por el río Cesar. Y los muertos, no se sabe por qué, todos iban a terminar al río. Es que era una violencia con una ferocidad inaudita. Allí se incubaron nombres terroríficos que sembraron el terror en las veredas. Capitán Veneno, Chispas, El Tigre, Sangre Negra, Desquite, Alma Negra, Zarpazo, Capitán Venganza, Efraín González. El río se fue llenando de muertos y más muertos. Se dice que hubo 300.000 mil muertos. Todos los cuales terminaron buscando el río para llenarlo. Para juntos, reclamarnos a los que estamos vivos que no hacemos nada por su memoria, por su derecho a la justicia, que no luchamos por la verdad. El río se fue necrozando como una ‘cancrena’ y la fetidez característica a ‘cangrejo’ muerto dio el nombre a esta enfermedad y anuncia una muerte inminente de todo el tejido social. La gente veía con preocupación como todo olía a ‘cancrena’, las casas, los muebles, la ropa de cama y de vestir, los utensilios de cocina, todo, y se sentían impotentes, el terror había paralizado a los más claros hombres del pueblo, el sudor frío pegaba las camisas a la piel, el corazón latía aceleradamente, la boca siempre estaba seca, la mirada extraviada, entristecida. Ese terror producía los llamados desterrados, personas que huían por el temor de ser asesinados por la ‘chulavita’, por los asesinos a sueldo o ‘pájaros’ –porque ‘volaban’ a diferentes lugares a cumplir sus nefastos encargos-, y a organizaciones llamadas la ‘mano negra’ financiada por empresarios e industriales. Pero los ricos se entendieron entre ellos y nos regalaron el ‘Frente Nacional’, esa monstruosa consecuencia de la pestilencia. Pero a pesar de la ‘paz’, los muertos seguían bajando por el río. El ejército nacional dio de baja a Efraín González en Bogotá, ‘pajaro’ conservador, con movilización de 5.000 soldados, artillería y todos sus recursos, y González casi se les escapa. Esta fue una de las grandes batallas de los militares y un gran triunfo para ellos. Pero ya estaban incubando a los que continuarían la masacre y les lavarían la cara. Ellos serían los que llevarían la culpa de los crímenes y de la enorme pestilencia que había producido la pérdida del olfato del pueblo. Anosmia decía el doctor que se llamaba. Cacosmia era una palabra más adecuada, decía Raúl que era experto en el arte de la filología. Pero lo cierto es que siempre estaba ahí, siempre rondando en nuestros cerebros recordándonos de dónde provenía. Pero lo que no sabíamos es que apenas estábamos empezando a vivir los horrores. No sabíamos de lo que era capaz el cerebro humano en la maldad. Lo retorcidos que son los que mandan, los que tienen el poder.

Fue dantesco. No perdonaron ni siquiera a los curas. En Trujillo –Valle- mostraron toda su sevicia. Asesinaron 108 personas. Todas hechas picadillos con la Motosierra, la sierra eléctrica. Iban por el pueblo. Agarraban a los ‘señalados’ y se los iban llevando en camionetas. Los llevaban hasta el río Cauca y a su orilla, encendían la Motosierra y comenzaban su faena fatídica. Primero los dedos, después las manos, después los pies, después los brazos, después las piernas, y en esa etapa ya el pobre hombre o mujer estaba muerto o agonizante, y allí iban de abajo hacia arriba, o de arriba hacía abajo, con precisión milimétrica, como cuando cortas postas de carne de res, de cerdo, de caballo. Luego las dividían y las lanzaban al río. Así, poco a poco, le fue llegando el turno a los ‘señalados’. 108. 108 personas, incluido el curita. 108 personas que iniciaban descuartizados su peregrinar por el río Cauca hasta su desembocadura en el río Magdalena. Pero éste ya está taqueao de cadáveres. Los cadáveres iniciaron el proceso de recomposición. Este brazo es de Artemio. Esta mano de Alfonso. Esta pierna de Diego. Esta posta es de Maritza. Y los muertos que creían eran los únicos se fueron dando cuenta que no, que eran muchísimos, miles de miles. Es increíble la carnicería que han hecho. Por eso no queremos que nos entierren. Estaremos ahí como testigos vivientes, o murientes. Ahí pudieron darse cuenta de los que venían del Cauca, de Nariño, de Antioquia, y cuando llegaron al Magdalena pudieron darse cuenta de los que venían del interior, del Magdalena Medio, de Bolívar, de los Santanderes, de todas partes. Porque el horror era en todo el país. Como en Apartadó cuando uno de los asesinos a la vista de los compañeritos de la escuela, cortó de un tajo la cabeza de un niño de 12 años, y luego la ensartó en la punta del machete y la exhibió desafiante y cínico a los alumnos de la escuela. Y estos individuos eran premiados por sus heroicidades. “Un carro para Cabrera por la berraquera que hizo en la escuela”. “Cuatro cabezas de ganado para “El Polillón” porque mató al hijueputa dueño de la finca”. Y los ‘comandantes’ se sentían orgullosos. Los cadáveres, en el río, se iban contando cosas.
–Y, tú, de dónde eras?
–Yo soy de Antioquia. Allí hay un jefe narcoparamilitar llamado “Don Ernesto Páez”. Hay un jefe paraco, ‘HH’, más de 1.200 muertos. Todos degollados.
–Y, tú? -Yo soy del Magdalena Medio. Allí el jefe es “Don Ramón Incasa”. De él se dice que él personalmente asesinó 350 campesinos.
–Y, tú, tú tienes cara de paisa.
–Cierto hermano. En lo que a mi toca, yo puedo contarles, eh Ave María, que ‘El Alemán’ tiene enterrados en ‘fosas comunes’ a 50 cadáveres de los municipios de Ungía y Acandí (Chocó); también tiene que ver con la desaparición de 12 de las comunidades de paz de Arenales y Villahermosa (Chocó). 10 muertos más en Juradó, Corodó y Bahía Solano, entre los años 1996 y 1997. También asesinó a 69 personas en Cundinamarca, Boyacá y Santander, además de 15 campesinos de la masacre de La Horqueta, el 21 de noviembre de 1994. Y estos son los casos que se conocen.
–Oye, oye, cómo es eso de las fosas comunes?
–Las ‘fosas comunes’ son como hacen en los cementerios con los NN. Los meten a todos en un hueco y así los entierran. Acá es lo mismo pero diferente. Lo que quieren es que no encuentren rastro de la víctima y así la familia anda todo el tiempo buscándolos. Claro que los muertos quieren salirse de allí y venirse para el río. Ya todos los muertos sabemos que todos debemos venirnos para el río a reunirnos todos.
-Y tú?
-Yo soy de Buenaventura. En mi ciudad las fuerzas del gobierno han promocionado el 95% de los asesinatos de la población negra. ‘Arriba’ al Puerto, en los esteros y barrios de bajamar siguen apareciendo cadáveres, con signos de tortura, sin poder ser recogidos por sus familiares porque el ‘toque de queda’ infunde miedo a todos.
-Y tú…
-Eche, loco, tú no vés que yo soy de ‘curramba la bella’.
-Ya nos viene con regionalismos acá, en donde ya todos estamos sobre el bien y el mal. Echa tu cuento a ver.
-Bueno, en el Atlántico había un asesino demencial llamado “Bart”, si, si, igual al de las tiras cómicas. El tipo ese mató más de cien, aunque él dice que apenas 50 y que dizque se va a meter a ‘testigo de Jehová’. Ese mataba por encargo de los ganaderos que le decían: “Mátame a fulano de tal, que es un guerrillo” y él les respondía: “Me dan 20 millones de pesos y lo hago”. Y así encadenando su cadena de crímenes en el departamento con su camioneta de vidrios polarizados, comprada con la plata ensangrentada que le pagaban los ganaderos. Este man degollaba a las víctimas, era supremamente salvaje.
-Y tú, de dónde eras?
-Yo era de Cúcuta. Nosotros sufrimos la violencia del Bloque Catatumbo de los narcoparamilitares. Un comandante llamado ‘Pedro Fronteras’ o ‘El Iguano’ asesinó a 2.500 personas. Aquí veo algunas de ellas que me pueden contradecir. Es conocido porque fue capturado el 17 de noviembre del 2000, y posteriormente se fugó de la cárcel porque se declaró enfermo y 30 hombres lo sacaron de la clínica en que estaba. Los cómplices fueron el coronel ® Luis Estupiñango, un agente del DAS y el exsubdirector de la cárcel de Cúcuta de apellido Pirindelli. Dicen que un día casi se ahoga el alcalde de Cúcuta, Baldomiro Puárez, a quien le hicieron campaña para la Alcaldía, y el jefe de él era Salvato Doncuso, el jefe máximo, responsable de 6.000 muertos.
-Y tú?
-Yo soy –era- de El Banco, pero vivía en Santa Marta. Yo soy Joselito. Yo fui asesinado por una banda conocida como ‘Los Morrocoyos’. El ‘capo’ era Hernán Giraldo, un tipo interiorano que contó con la ayuda de toda la clase política del departamento. En la ciudad el control era total. Por ello Santa Marta tenía una mortalidad de 70 personas por mes. No se sabe a ciencia cierta cuántos mató este hombre, pero si sabemos que asesinó al profesor Hugo Maduro (“por ser de la juventud Comunista), el vicerrector de Unimagdalena, Julio Otero Muñoz, y el de Zully Esther Codina Pérez, periodista y líder sindical del sector de la salud. Este individuo mandaba a matar todo lo que le oliera a ‘guerrilla’.
-Yo soy José Luis. Yo soy del Cesar, propiamente de Valledupar. En nuestra zona el jefe era “Jorge Tacuaren”, famoso por un célebre computador que dio a la luz pública todos los crímenes y el control que éste tenía, fiscalía, militares, políticos, empresarios, ganaderos, agricultores de la pesada. El computador se lo quitaron a “101” quien había salido del Ejército en 2002, por presuntos vínculos con los paramilitares y que desde entonces se había dedicado de lleno a las autodefensas. Como encargado del Atlántico, recibía órdenes directas de 'Jorge Tacuaren', y al momento que lo agarraron tenía 140 millones de pesos encima, dos carros, uno de los cuales tenía matrícula oficial, tres armas y, lo más importante: dos computadores, dos memorias USB, varios discos compactos y gran cantidad de documentos escritos a mano. Entre los archivos encontrados hay una relación de armas, automotores y personal de bloque; la nómina de las AUC en Barranquilla, un listado de colaboradores de las autodefensas y cuatro archivos dedicados con lujo de detalles a las actividades de este grupo en Soledad, Atlántico. En el "informe de inteligencia de objetivos dados de baja" , es decir, la impresionante descripción de decenas de asesinatos que comprueba la campaña de exterminio contra líderes sindicales y sociales de Barranquilla, adelantados antes y después del llamado ‘Corralito’. En octubre del año pasado se cometieron algunos asesinatos. La lista empieza por Pedro Pérez Orozco. Los paramilitares decían de su muerte que era de "profesión abogado (ex concejal, ex secretario de gobierno y asesor de Enigsbert (sic). Actualmente se desempeñaba como defensor del pueblo". Pedro Pérez era un reconocido líder social de 54 años, abogado de la Universidad del Atlántico. En 1991 se vinculó al movimiento ciudadano del cura Bernardo Hoyos y poco después tuvo un fugaz paso por el concejo de la ciudad. Posteriormente durante la administración de Humberto Caiaffa (2000-2003) fue secretario general y de Gobierno del municipio. Se retiró para aspirar de nuevo al concejo, y como no salió elegido, se vinculó a la Defensoría del Pueblo, donde actuaba como defensor de derechos humanos. Algunos de los procesos que atendía tenían que ver con homicidios, extorsiones y desplazamiento forzado. Fue baleado el 3 de octubre de 2005 en la puerta de su casa, una semana después de haber recibido una llamada en la que le advertían que "lo iban a joder por estarse metiendo en pendejadas". También tenía registrada la muerte de Eislen Escalante Pérez, cucuteño de 41 años, quien era un reconocido líder de los desplazados. Escalante llegó a Barranquilla hace 11 años huyendo de las amenazas que estaba recibiendo en Cúcuta, donde era concejal por el partido Apertura Liberal y promotor comunitario. En esa ocasión, las amenazas provenían del ELN. Por eso resulta paradójica la nota que tienen los paramilitares en el computador, donde registran que fue "dado de baja". Escalante estaba asesorando a un grupo de desplazados que habían tomado posesión de una isla de 60 hectáreas en el río Magdalena y que era reclamada por los paramilitares, por finqueros del Atlántico y hasta por algunos políticos. También hacía parte de la red de veedurías ciudadanas y se le conocía por constantes denuncias sobre malos manejos en los recursos para la población desplazada. A Eislen lo asesinaron dos sicarios, con dos tiros en la cabeza, cuando salía de una oficina del gobierno distrital. También con fecha 2 de mayo de 2005, lo siguiente: "Fue dado de baja Adán Alberto Pacheco Rodríguez, alias 'Claudio'. Integrante del PC3 y militante del Frente 19 de las Farc- Ep, grupo ejecutivo de zona GEZ, sociólogo de la Universidad Simón Bolívar, su tiempo de delinquir en estas organizaciones era aproximadamente 16 años, edad actual 46 años, residente en el barrio Las Palmas de Barranquilla... laboraba en Electricaribe y era presidente del sindicato de Electricaribe". A Pacheco Rodríguez lo asesinaron en la terraza de la casa de sus padres. Le dieron dos disparos en la espalda y dos en la cabeza. Desde hacía cinco años estaba amenazado. Después de la muerte de Adán hubo una llamada a su familia en la que les advertían que "no lloren perros hijueputas, que los muertos van a ser más". También asesinaron a Miguel Espinosa Rangel, desmovilizado de la Corriente de Renovación Socialista, el 30 de junio de 2004 en el barrio La Pradera, un barrio de desplazados que se formó después de una invasión de terrenos supuestamente baldíos. Espinosa Rangel, que era abogado y sindicalista, defendió a los desplazados y logró la legalización y la normalización del barrio. Su asesinato fue reportado así: fue "dado de baja en La Pradera. Invasor profesional y colaborador de las Farc-Ep en el sistema judicial". Hace un año, Jorge Enrique Palacio, representante legal de una empresa fachada de los paramilitares llamada Asis Ltda; que estaba vinculado a la investigación por el asesinato del profesor Alfredo Correa de Andreis, declaró que "dicha muerte fue ordenada por alias 'Antonio', comandante de las autodefensas en el Atlántico y cuyo jefe inmediato es 'Jorge Tacuaren’. También tenía detallada las actividades de robo de la Alcaldía de Soledad, de Coveñas, y muchísimas otras, y las alianzas con los políticos de la región. Son tan intrincadas las conexiones ocultas de esta red que aparece un listado que pertenece a Rodrigo Lupeffo, ‘Cadena’, que comienza diciendo "Casa en Venecia frente a la residencia del senador Álvaro García Romero" y termina con "una carnicería ubicada aproximadamente a 500 metros del terminal de transportes Brasilia sobre la troncal de occidente, frente al mercado público, administrada por la amante llamada Adriana". Al desaparecer 'Cadena' –no se sabe en dónde está-, dos de sus más importantes lugartenientes, el médico Willer Cobos y Humberto Frazzer, habrían seguido cobrando las 'vacunas', esta vez a nombre de 'Jorge Tacuaren'. Ambos personajes eran reconocidos por servir de enlace entre las autodefensas y los políticos de la región. Frazzer fue asesinado hace dos meses, y Cobos el mes pasado, justamente en Barranquilla. Es claro que estos muertos no se contabilizan en los muertos que vienen a dar al río. Ellos tienen su cuenta aparte.
-Y tú…
-Yo vivía en los Llanos. Allí han matado infinidad de gente. Incluso la organización paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) admitió en un comunicado haber dado muerte a dos congresistas del Departamento del Meta, en el oriente del país. Octavio Sarmiento y Alfredo Colmenares Chía fueron asesinados la semana pasada. A Sarmiento lo sacaron de su finca en la madrugada y le dieron muerte en seguida. Días más tarde, varios hombres armados emboscaron a Colmenares en el norte de Bogotá.
-Y tú…
-Yo soy de la zona Bananera de Antioquia. En febrero de 2005, cuando la comunidad de paz de San José de Apartadó dijo que miembros del Ejército habían participado en la masacre de la vereda La Resbalosa, donde dos familias fueron cruelmente asesinadas, casi nadie les creyó. Miembros de las Fuerzas Armadas participaron en el crimen de siete campesinos, de ellos tres eran niños, dos de los cuales fueron degollados, y el otro, decapitado. El capitán del Ejército Guillermo Armando Gordillo Sánchez fue coautor de asesinato y terrorismo. Gordillo era el oficial a cargo de la compañía Alacrán, adscrita a la Brigada XVII con sede en Urabá. Él y sus hombres patrullaban en la región cuando ocurrió la masacre. El relato de un paramilitar desmovilizado, Adriano José Cano Arteaga, un patrullero del grupo Héroes de Tolová, que pertenecía a 'Don Berna' y operaba entre Córdoba y Urabá, y que al momento de la masacre no se había desmovilizado. Cano asegura que un paramilitar conocido como '44' fue quien dirigió la masacre y que otro conocido como 'Pirulo' fue quien degolló a los niños. Los paramilitares estaban junto a unos 50 soldados al mando del capitán Gordillo, quien se habría quedado "asegurando un monte" mientras los paramilitares se adelantaron para cometer el crimen. Primero mataron a Luis Eduardo Guerra, reconocido líder de la comunidad de paz; a su hijo Deyner Andrés Guerra, de 11 años, y a Beyaniera Areiza. Después de matarlos con machetes, dejaron sus cuerpos tirados en la montaña. Después mataron a Alfonso Bolívar Tuberquia; a sus hijos Natalia (de 5 años) y Santiago (de 2 años); a su esposa, Sandra Milena Muñoz, y a un trabajador de la finca llamado Alejandro Pérez. Los cuatro primero murieron también a machete. Los niños, "por degüello con arma blanca". De nada valía que la gente declarara su neutralidad ante el conflicto, que ellos no querían participar en las hostilidades. Eran empujados por militares y narco-paramilitares a ella, o pagaban las consecuencias.

Ya era cosa conocida, todos los muertos por la violencia tenían que irse al río. Las tertulias que armaban eran espeluznantes. Las historias de miles de miles de muertos no podían ser más macabras y tristes. Los muertos contarán la historia. A veces se escuchaban historias en que las almas de los muertos o maldiciones de los vivos, hacían enloquecer a los asesinos. Una de las más conocidas era la maldición de los arhuacos. Cuentan el asesinato de Luis Napoleón Torres Crespo, Ángel María Torres Arroyo y Antonio Hughes Chaparro Torres, el 28 de noviembre de 1990 a la una de la tarde, subieron a un autobús que los llevaría a Bogotá donde debían asistir a varias reuniones con delegados del gobierno. Alrededor de las 23:oo horas del mismo día, José Vicente Villafañe y su hermano, Amado, fueron detenidos por soldados pertenecientes al Batallón de Artillería No 2 “La Popa”, con sede en Valledupar. El Teniente-coronel Luis Fernando Duque, comandante del Batallón, había firmado una orden para registrar la casa de los hermanos Villafañe. Los indígenas presionaron y liberaron a los hermanos Villafañe, pero Luis Napoleón, Angel María y Chaparro, aparecieron uno en Bosconia, otro en El Paso y el tercero en Loma Linda, cerca del río Ariguaní. En el asesinato participaron Eduardo Quique Mattos –quién les pagó por el crimen- y Luis Alberto Uribesco. Los mamos arhuacos se reunieron a mambear y maldijeron a quienes habían asesinado a los hijos del pueblo arahuaco. Años después los que participaron comenzaron a morirse, algunos en aparatosos accidentes de tránsito, y a otros quedaron en la ruina total y perseguidos por su crimen. La cosa es que los asesinos le tienen miedo al Diablo, a la muerte, y creen en brujerías. En los Llanos ha sido más visible esto. Algunos de esos ‘bravos’ fueron llevados a la locura por los ‘espíritus’. Los llamados ‘niños de Martín Llanos’, los cuales eran reclutados a la fuerza, mediante engaños, y eran llevados de 10, 12 años a filas de los narcoparamilitares, entrenados, y convertidos en temibles asesinos. Uno de esos contaba que les dejaban los muertos a los ‘chulos’ o gallinazos y otras veces le ‘picaban’ el vientre, les tasajeaban las tripas para que no flotaran cuando los echaban al río. Pero el espíritu, cosas del Diablo!, volvía locos a los paracos, se les metía el espíritu y los ponía a que se golpearan contra los árboles. Amanecían con moretones por todo lado. A veces el espíritu les hablaba con voz de otra persona y susurraba o gritaba ‘Yo vengo porque a mí me mocharon la cabeza y no sé en dónde está. Si no me dicen yo hago golpear a todos ustedes’. Y así agarraba a uno, al otro, al otro. Era un infierno vivir con los espíritus de los muertos. Hubo un muchacho al que se le metió un espíritu, lo exorcizaron y le pusieron la imagen de un santo y el comandante preguntó al espíritu: “¿De donde viene? De parte de Dios o de parte de Satanás” Y el espiritu contestó: “Es que conmigo se confundieron: A mi me mataron diciendo que yo era guerrillo y yo era un campesino. Ahora vengo a exigir la verdad”. Hay otros que se ‘cruzan’ para protegerse. Algunos se hacían matar determinado día porque ese día era el día de su muerte, y buscaban la muerte de mil maneras hasta que la conseguían. Durante el entrenamiento usaban métodos salvajes. Los hacían comer carne de gallinazo, de perros, de gatos, de burros, y muchos de ellos lloraban además porque muchos iban allí engañados, traídos de la ciudad, siendo muy niños de 12 ó 13 años. Los más débiles eran aplastados, asesinados por el resto porque era parte del entrenamiento. Eran descuartizados, y los hacían comer carne humana. El compañero estaba allí, muerto, para que cada uno hiciera un tajo y lo asara y se lo comiera. A algunos les gustaba. Las mujeres embarazadas era también parte de este tratamiento. Todos perdían el sentido de realidad. Hasta se tomaban la sangre de algún compañero muerto para que le diera más fuerza. Lo que demuestra que en ellos anida la cobardía, los miedos, el temor, el terror, el mismo terror que ellos tratan de infundirle a la población civil.

En la suma de los tiempos vemos todos esos muertos flotando en el río, apiñándose, conformando como una alfombra sobre la cual podríamos caminar desde su desembocadura hasta su nacimiento en el páramo de las papas. No ha habido forma de que algún gobierno limpie el río de muertos, a pesar que las aguas inundan todo y los muertos amenazan cubrir todo el país y a pesar de la enorme pestilencia que invade todo el ambiente. Los cadáveres siguen allí como una prueba fehaciente de la sin razón de los que tienen el poder. Y quizá mañana, pasado mañana, en un año, cualquiera de nosotros estará en el río…

Publicar un comentario

El Banco Magdalena:

Puerto sobre el Río Magdalena, fundado por José Domingo Ortíz, el 2 de febrero de 1680, donde habitaron los indígenas Chimilas. A la llegada de los españoles fueron sometidos y expropiados de sus tierras dando paso a la fundación conocida con el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria de El Banco, elevado a la categoría de municipio en 1871.

Eladio Gil Moreno (egilmoreno@gmail.com)
Escribeme y enviame información para publicarla.
Loading...